Seguro que no es la primera vez que escuchas eso de “este vino tiene barrica”, pero… ¿sabes qué significa realmente?
La crianza es el momento en el que el vino evoluciona, gana complejidad y desarrolla esos aromas y matices que tanto valoramos en copa y que hacen que sea diferente de otros.
La crianza es el proceso de envejecimiento del vino una vez terminada la fermentación. Puede realizarse, por ejemplo, en depósitos de acero inoxidable u hormigón o lo que es más frecuente, en barricas de madera.
Durante este periodo, el vino evoluciona gracias a dos factores clave:
– Oxigenación controlada a través de la madera.
– Interacción con la barrica, que le proporciona aromas y estructura.
¿Qué aporta la crianza en barrica al vino?
La crianza en barrica influye directamente en:
– Aromas: ya que la madera aporta notas características como pueden ser toques de vainilla, coco, especias (clavo o canela), tostados (tipo café o cacao), etc.
– Estructura: suaviza los taninos, aporta volumen en boca y mejora el equilibrio del vino en general.
Además, los vinos con crianza suelen tener mayor potencial de guarda por lo que hace que puedas conservarlo sin consumirlo durante mayor tiempo.
Tipos de barricas y su influencia
No todas las barricas son iguales. El tipo de madera, su origen y el tostado de esta influyen directamente en el perfil del vino. Hay barricas de cerezo, acacia o pino, pero las más utilizadas normalmente son las de roble francés o americano, estas son sus principales diferencias:

En Devinosconvintae trabajamos cuidadosamente la selección de barricas para lograr vinos con identidad propia, solemos elegir sobre todo roble francés y europeo del este porque son más respetuosos. Además, nos distinguimos por emplear métodos que preservan la integridad de la fruta, nuestras barricas de roble, cuidadosamente seleccionadas, permiten que los vinos adquieran complejidad sin opacar el carácter varietal de las uvas.
Para entender mejor cómo influye la crianza en barrica, te invitamos a catar algunos de nuestros vinos y ver lo que la crianza le aporta a cada uno de ellos. Coge papel y boli y prepara la cartera para hacer tu pedido 💳
El Pacto tinto, con 14 meses de crianza en barricas de roble francés, europeo y americano, que aportan al vino toques de frutos del bosque, regaliz, toques especiados y chocolate.
Si buscas algo más estructurado, te recomendamos Matsu El Recio, con 14 meses en barricas de roble francés de segundo uso, es un vino más sedoso y redondo en boca, con ligeros matices de glicerina y recuerdos de frutas y notas minerales.
En el caso de Bardos Viñedos de Altura, cuya crianza es de 12 meses en recipientes de roble de distintos tamaños, desde barricas de 225 litros a bocoyes (600 litros) y tinas de gran capacidad. Que lo convierte en un vino muy amable en boca, con un tanino aterciopelado y maduro y cuya a acidez se integra con la densidad creando un perfecto equilibrio. En el retrogusto vuelve la frescura de la fruta.
Y para terminar Classica Gran Reserva Rosado, uno de nuestros vinos mejor puntuados en Decanter y en el que la crianza juega un papel muy importante y diferencial. Tiene cuatro años de crianza en barricas bordelesas y posterior crianza en botella. Los robles de la especie Quecus petraea proceden de una especial selección de bosques de Francia y de Europa del Este; la mayor parte del roble es de primer uso, aunque también se incluyeron algunas barricas de segundo uso.
Todo esto se traduce en un vino elegante, sutil y complejo, con una boca amplia y con ese toque final ligeramente salino que lo hace único.
Ya sabes, la próxima vez que descorches un vino, fíjate en sus aromas… probablemente la barrica tenga mucho que contar 😉